El tiempo ceñudo y frío y no otro. El tiempo en carroza
Fúnebre y sin ver mis girasoles.
Pongo la mano en el grito del árbol. Entrego al hambre
De crecer una herida abierta o una estrella.
El peso único de esa noche cae del fruto. Mientras con
Señas fijas una vez ausentes, la piel de fósforo que hay
En mis nudillos discurre en las bahías.