El pobre lázaro

Andaba Lázaro en Móstoles
A puros ayunos lánguido,
Y quiso llenar su estómago
Del indispensable fárrago.

Pidió la mano de Mónica
Por afición al metálico,
Y donde pensó ver águilas
Halló solamente pájaros.

¿Por qué de su suerte pícara
Reniega el pobre gaznápiro,
Si ya en la pila pusiéronle
Lázaro, Lázaro, Lázaro?

Dame de comer, estúpida,
Decía armando un escándalo.
Mira que soy de hombres célebres,
Vástago, vástago, vástago.

Y no pudiendo paupérrima
Corresponder a este cántico,
La daba con mano pródiga
Látigo, látigo, látigo.

Acostábase colérico,
La paz firmaba en el tálamo,
Y se levantaba el mísero
Pálido, pálido, pálido.

Porque era su temple frígido
Y helado como un carámbano,
Y era de Mónica el ímpetu
Cáustico, cáustico, cáustico.

Y si él decía pacífico:
Tácito, tácito, tácito,
Ella contestaba impávida:
Rápido, rápido, rápido.

Y como tras de las réplicas
Venían momentos plácidos,
Echaba a pares la zángana
Zánganos, zánganos, zánganos.

Mil veces el antropófago
Lloraba como un Heráclito,
Por no haber carne ni líquido
Báquico, báquico, báquico.

Si para el domingo próximo
Fundaba esperanzas cándido,
Se le frustraban el último
Sábado, sábado, sábado.

Bien para lucir gastrónomo
Quisiera ser archipámpano,
O tan siquiera en lo clérigo,
Diácono, diácono, diácono.

Mas Dios con el lazo cónyuge
Le dio un enjambre satánico,
Sin dar para sus mandíbulas,
Rábanos, rábanos, rábanos.

Siendo cero en lo científico,
Siendo en las letras un bárbaro,
Sin ser en el arte bélica
Táctico, táctico, táctico;

Tomó su trabuco intrépido,
Y fue en los incultos páramos
El más atroz y carnívoro
Vándalo, vándalo, vándalo.

A cuantos halló malévolo
Dijo con aire magnánimo:
“Si tienes oro magnífico,
Dámelo, dámelo, dámelo.”

Ellos lo daban con lágrimas
Entre sí diciendo estáticos.
¡Así te picara un pérfido
Tábano, tábano, tábano!

Hasta que el anzuelo rígido
Le prendió de un juez seráfico,
Que le dijo: ¿Tienes débitos?
Págalos, págalos, págalos.

Y en recompensa a sus crímenes
Le puso el verdugo impávido,
Para apretarle las vértebras,
Cáñamo, cáñamo, cáñamo.

Mucho sufrió luego su ánima
Que os dijera ¡voto a chápiro!
Mas por no cansar al prójimo,
Cállolo, cállolo, cállolo.

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Poema El pobre lázaro - Juan Martínez Villergas