Para Tamoa
Con más de ciento cuarenta anécdotas
en su haber, su nombre selvático envuelve
en la misma voluptuosidad
de su ano inconmensurable.
Traga años, traga antorchas
tronillos y lámparas de mano.
Su andar de víbora hechizada
decapita la cabeza de su sexo
(rumba dando pasos dobles de aquelarre
sobre sus pezuñas de charol).
Hombre como ninguno, mujer como pocas
hay que verlo devanarse boca abajo
entre sostenes y blúmeres.
En complicidad con la noche
desata una veintena de pubis
enciende las luces distinguibles en lo alto:
torreón placentero
donde reina a su antojo de imposible mujer.