Días sin dioses



Dije adiós y perdí los dioses lares
de aquella casa con olor a tierra,
de aquella aldea breve como un presentimiento,
con su humo de cepas, su humedad
de sábana en los huesos, su horizontes,
su fábrica de paz.

Las era y los olmos, las lumbres apagadas,
las venas blancas de aquellos senderos
de polvo, aquellas casas
sin mundo ya, dejadas
de la mano de Dios. Adiós les dije.

Perdí los dioses ajenos
que permitieron mi pérdida
y construyeron en ella
su propio templo sin fieles.

¿Cómo es posible que alguien que no existe
sea tan despiadado, tan atento
a los rumbos que toman los errores?

Hoy mis dioses son mis enfermedades.
Habitan en el hueco
que soy. Aguardan. Dudan
de mi existencia que sólo consiste
en servirles a ciegas, consagrado
a aprender de memoria sus palabras extrañas
que, digan lo que digan,
hablan de entonces, de volver, de nadie
y de un hoy que no hay.

Perdí los dioses lares y he encontrado
esta voz donde viajo, cuyo vértigo
escribo, esta pasión por lo pasado,
este frágil refugio donde escucho
palabras que ya nadie
pronuncia y que yo copio.

Soy un simple amanuense,
un torpe evangelista,
apóstol de los dioses que he perdido,
de los que no he hallado todavía.


Poema Días sin dioses - Juan Vicente Piqueras