“Como al pastor que en la ardiente hora estiva
La verde sombra, el fresco aire agrada,
Y como a la sedienta su manada
Alegra alguna fuente de agua viva,
Así a mi árbol do se note o escriba
Mi nombre en la corteza delicada
Alegra, y ruego a Amor que sea guardada
La planta porque el nombre eterno viva.
Ni menos se deshace el hielo mío,
Vandalio, ante tu ardor, cual suele nieve
A la esfera del sol ser derretida.”
Así decía Dórida en el río
Mirando su beldad, y el viento leve
Llevó la voz que apenas fue entendida.