Sonó lenta y sin alarde
La ronca voz de una torre.
Por el camino sin nadie
Venía un perfume de cobre;
Por el camino sin nadie
De la tarde.
– ¡Oh, linda, te lo diré
Ahora que estamos solos;
Un redondo mar sin peces
Son tus ojos!
-La tarde borda jacintos
De tafetán sobre el cielo.
-¡Si quieres uno, yo puedo
Sobre tus trenzas ponerlo!
-No, déjame sin jacintos
Lucir así mis cabellos.
-¿Flotando sueltos al viento
Como las alas de un cuervo?
-O de un retazo de noche
Caído desde los cielos.
-¡Oh, linda, linda, no puedo
Con la sombra de tu pelo!
Suena lenta y sin alarde
La ronca voz de una tarde.
Por el camino sin nadie
Vino un perfume salobre;
Por el camino sin nadie
De la tarde.