Restos del ferrocarril de mi niñez

Lejos estoy. Muy lejos. No en espacios,

Sino en tiempo.

Vicente Aleixandre

Esos vagones desvencijados sobre viejos

Durmientes son los restos de muchas ilusiones,

Decía mi padre hechizado viendo al horizonte,

Que levitaba abierto, inmenso, en el confín.

(Él allí dejó su alma labrando durmientes

Para que pasaran esas grandes máquinas sobre la tierra

Virgen de la aurora de Las Pavas, Las Isletas, Guarnecia

Y San Isidro) Fue un joven vigoroso para estos menesteres,

Como todos los veranos e inviernos de nuestro terruño.

El tren era una maravilla, un azor de hierro cuyo sonido

Me hacía volcar mi corazón y volar mis fantasías.

Un zumbido de mariposas se desprendía de los rieles.

Mis hermanos y yo sentíamos aquí todo el planeta.

Y nos gustaba ver cómo los vagones devoraban el paisaje

Y las ventanas se convertían en pequeñas diapositivas.

Mi padre y yo nos mirábamos sin decir palabras.

Yo sólo tenía ojos para ver el delantal de las nubes

Chocar contra los hierros de esos desvencijados vagones.

Ahora pienso que es una extraña historia del corazón,

Una historia desmoronada sobre los dientes del tiempo.

O tal vez una loca imagen, muerta, de mi propia sombra,

Columna de luz y sonidos que alguna vez llamé ferrocarril.

Suena el tren en mis oídos, bufa su tensada garganta:

Vagones desvencijados sobre viejos durmientes…


Poema Restos del ferrocarril de mi niñez - André Cruchaga