Del poeta a un pintor

Los dos, buenos pilotos del aire, subiríamos
sobre los aviones del sueño, al alto soto
de la gloria, y al mundo, celestes, bajaríamos
e! mirto y el laurel, la palmera y el loto.

Descender ya -¡qué dulce!, ¡los héroes!- coronados
por los súbitos lampos, sobre el carro del trueno,
con estrellas los jóvenes pechos condecorados
al mar de nuestra vida, ya esmeralda v sereno.

Y recordar al toque final de la retreta
la clara faz del alba, su voz hecha corneta
de cristal largo y fino, en la antigua mañana

que zarpamos del mundo sobre la crin del viento
y entramos en los cielos del estremecimiento
bajo los gallardetes rosados de la diana.


Poema Del poeta a un pintor - Rafael Alberti